El 31 de octubre de 1993, un grupo de dominicanos y dominicanas se reunió con una idea tan sencilla como transformadora: crear un espacio donde la ciudadanía pudiera ejercer su poder sin tener que ocupar el poder. Aquella semilla —plantada en medio de una crisis de confianza electoral y una democracia aún frágil— germinó con nombre propio: Participación Ciudadana (PC).
Tres décadas después, el movimiento celebra 32 años de trabajo ininterrumpido por la transparencia, la institucionalidad y la justicia social, fiel a la convicción que lo vio nacer: que la democracia solo florece cuando la ciudadanía participa, vigila y exige con voz propia.
“Fue con mucha ilusión que creamos esta organización”, recuerda Miriam Díaz Santana, una de las fundadoras. “Queríamos aportar algo distinto: una manera de hacer democracia desde la sociedad civil, sin banderas ni intereses económicos.”
101 proyectos, una misma causa
Desde 1993, Participación Ciudadana ha ejecutado 101 proyectos de educación cívica, fortalecimiento institucional y promoción de la democracia, en alianza con más de 50 entidades nacionales e internacionales. El apoyo ha provenido de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Unión Europea, Embajada de Canadá, Transparencia Internacional, el Banco Mundial, el BID, agencias de Naciones Unidas, entre muchas otras.
Ese respaldo se ha ganado con hechos: auditorías externas anuales, transparencia pública de cada proyecto y rendición de cuentas abiertas a la ciudadanía. PC nunca ha recibido fondos del Gobierno dominicano, ni ha aceptado aportes que comprometan su independencia. Su sostenimiento proviene del financiamiento internacional, de empresas y universidades aliadas, y sobre todo del aporte voluntario.
“Nuestra independencia no es un discurso, es una práctica”, ha dicho en más de una ocasión el Consejo Nacional. “Nos debemos a la ciudadanía, no al poder.”
Treinta y dos años después: la misma convicción
A los 32 años, Participación Ciudadana sigue siendo un movimiento vivo, diverso y necesario. Su mayor reto hoy es garantizar su sostenibilidad y el relevo generacional, atrayendo a nuevas voces que den continuidad al ideal fundacional: una ciudadanía activa, crítica y comprometida con un país más justo.
“Todavía todo el trabajo por la democracia está por hacer”, afirma Miriam Díaz. “Y mientras haya ciudadanos dispuestos a defenderla, Participación seguirá aquí.”
Treinta y dos años después, el movimiento que nació para observar las elecciones ha ayudado a que el país se mire a sí mismo con más conciencia y menos miedo. Y aunque los desafíos cambien, el compromiso sigue intacto: seguir construyendo ciudadanía, día a día, desde la independencia, la transparencia y la esperanza.

