Aunque trabajan por un mismo propósito, la presidencia y la dirección ejecutiva de una Asociación Sin Fines de Lucro (ASFL) desempeñan funciones diferentes y complementarias. La presidencia encabeza la Junta Directiva o Consejo Directivo y ejerce un rol de gobernanza. Entre sus principales responsabilidades se encuentran dirigir las reuniones de la junta, velar por el cumplimiento de los estatutos, promover el logro de la misión institucional y supervisar que la organización actúe con transparencia, legalidad y responsabilidad. En la República Dominicana, la Ley núm. 122-05 establece que la organización y el funcionamiento de las ASFL se rigen por sus estatutos, los cuales deben definir con claridad las atribuciones de sus órganos de dirección y representación.
Por su parte, la dirección ejecutiva es responsable de la gestión administrativa y operativa de la organización. Su labor consiste en coordinar el equipo de trabajo, ejecutar los programas y proyectos, administrar los recursos, dar seguimiento al presupuesto, preparar informes y asegurar que las decisiones adoptadas por la Junta Directiva se conviertan en acciones concretas. En términos sencillos, mientras la Junta Directiva define el rumbo estratégico de la organización, la dirección ejecutiva lidera la ejecución de ese plan y procura el cumplimiento de los objetivos institucionales.
Una diferencia fundamental es que la presidencia no debe asumir las funciones propias de la dirección ejecutiva, salvo que los estatutos lo contemplen o que se trate de una organización que, por su tamaño, no cuente con una estructura administrativa permanente. Su papel es orientar, supervisar y evaluar la gestión, garantizando el buen funcionamiento de la Junta Directiva y promoviendo prácticas de transparencia, rendición de cuentas, control interno y prevención de conflictos de interés. Del mismo modo, la dirección ejecutiva debe ejercer sus funciones dentro de los límites establecidos por los estatutos y las decisiones de la Junta Directiva, evitando concentrar facultades que correspondan a los órganos de gobernanza.
Una relación de confianza, comunicación permanente y respeto por las competencias de cada función es fundamental para el buen funcionamiento de cualquier ASFL. La presidencia lidera la gobernanza institucional y la dirección ejecutiva lidera la gestión cotidiana. Cuando ambas instancias comprenden y respetan sus responsabilidades, la organización fortalece su capacidad de planificación, mejora la toma de decisiones y genera mayor confianza entre donantes, aliados, beneficiarios y organismos de supervisión. En definitiva, una adecuada separación entre gobernanza y gestión constituye uno de los pilares de una organización sólida, transparente y sostenible.

